EN EL CONFÍN DE LOS INMORTALES Y EL SUR.

    El otro día acabé de leer un libro muy curioso de Jorge Luis Borges, en el que se relataba (el supuesto libro es El Aleph) la historia de un capitán (creo) de un ejercito romano que desertó para buscar el perdido pueblo de "Los Inmortales". Durante ese largo periodo de tiempo que él pasa caminando por el desierto; su mente se encuentra aletargando en la soledad pura y absoluta. Otro relato, y quizás el que más me apasionó de Borges, se encuentra en el libro "Ficciones" y se llama "El Sur". Sencillamente me fascinó. En él se relata la historia de un hombre que a fuerza de voluntad consigue vencer a una dura enfermedad que por momentos casi le cuesta la vida. Durante su dura y larguísima recuperación, él permanece en la más pura soledad. Años más tarde, ya recuperado, se encuentra en un bar dentro de un idílico lugar en el sur cuando de pronto unas personas intentan enfrentarse a él. Este hombre no duda ni un segundo en arriesgar su vida, que según él ya no le pertenece porque la perdió intentando sobrevivir a la enfermedad que lo tuvo sujeto a una cama durante tantos años (es como si por no morir, haya muerto de todas formas por haber pasado tantos años en ese lugar, muerto en vida); y hace ver al lector que para ese hombre, el solo suspiro, el simple hálito de vida que le queda antes de entregarse a la muerte es el que realmente le hace sentir vivo, y el único también que le hace sentir que la vida vale la pena ser vivida. Es digamos su emoción.
    Pero, ¿que hay detrás de ese sentimiento de reflexión, ese sentimiento instantáneo que le hace al señor del primer relato arriesgar su vida para encontrar un pueblo que le pueda otorgar la inmortalidad; y por el contrario en una historia totalmente opuesta, que mueve al hombre del segundo relato que he citado a arriesgar su vida, la segunda oportunidad que se le ha concedido, para quizás saltar dentro de su destino, que era morir en aquella habitación de hospital donde seguramente debía haberlo hecho, aunque seguramente no se hubiese sentido vivo realmente hasta que no hubiese bailado con la muerte.
    El tema de hoy no es uno sino dos: La soledad y el paso del tiempo. He decidido fundirme en un solo espectro. He cogido al solitario Antonio Machado y al tránfuga del tiempo Juan Ramón Jiménez y los he fusionado en un solo ser. Se que les hablé de hablar de política, pero prefiero esperar a tantear el terreno con esto de que aún no se han celebrado las autonómicas y no he visto la magnitud total del asunto. Además, este tema creo que abarca más contenido, es mucho más interesante y le gustará más a la gente; aunque por contramano sea más ambiguo y más complejo de desarrollar.

¿que relación tiene el paso del tiempo con la soledad? Quizás sea esa la primera pregunta por la que deba empezar.

    El paso del tiempo es un hecho inevitable en la vida. El tiempo, como magnitud escalar que es, pasa hacia delante y nunca hacia detrás. Avanza, nunca retrocede. Por algo se le llama paso del tiempo. La vida es la esencia del tiempo en sí misma. De nada serviría llamar vida a algo que no acaba. Para ciertas culturas, el fin de la vida indica el principio de otra vida no terrenal, siendo la muerte el portal entre ambos mundos que se disecan. Para un ateo o para una persona que no es asceta ni cree en misticismos la muerte es un hecho incomparablemente más hermoso que para una persona religiosa, porque implica que la vida se viva con frenesí, no con estoicismo; se viva con felicidad y plenitud, no con tristeza y sosiego. En definitiva, vivir la muerte desde un punto de vista ateo es mucho mejor que vivirla desde un punto de vista en el que la vida después seguirá; porque sabes que la vida es finita y solo se vive una vez, por tanto hay que vivirla sin arrepentimientos, haciendo 100% lo que te gusta y sin dejar que nadie te controle tu vida, ni decida por ti, tratándote como un títere de usar y tirar. El paso del tiempo es un hecho necesario para que la vida continúe. Es el renovátio, el ars inveniendi. Es la llave que abre las puertas de la vida y a la vez las cierra. Es luz para algunos, oscuridad para otros. Es verdad, es conocimiento, incluso es justicia. de hecho, hay quienes se hacen más sabios con el paso del tiempo, y hay otros en cambio, que el paso del tiempo les hace ser más inadaptados, más precarios, más ilusos. El paso del tiempo es sinónimo de cambio. No hay en este mundo tan heraclitiano, tan insolente, tan perturbado; un solo rincón que no se halle a merced del paso del tiempo.
Hace años, existían seres a los que los humanos se atrevieron a llamarle dioses. Esos seres eran como la divina sustancia platónica: inteligible, eterna, única, verdadera. Esa idea cayó hará poco años, pero hay quienes juran haber visto aun personas que predican con el ejemplo de la ignorancia y la incontrolada mente humana que favorece al vandalismo psíquico, ese que engaña a la gente con demagogias y falsas esperanzas y en definitiva, echan a perder a otro ser creado a través de la imperfecta atómica sustancia. Hay quienes se atreven a jurar haber visto "al verbo", y que el verbo les prometió que un día se hizo carne (sustantivo dirían los lingüistas) y que vela por el fruto de su fruto (los hijos de adán). Sin embargo pocos son los que se atreverían neciamente a defenderlo con la espada porque sabe que se expondría a perder la única y verdadera vida que tienen por un verbo de tantos. Pues bien, aunque no lo parezca, eso es el paso del tiempo. Pero no de un solo sujeto, sino de una cadena de engranajes llamado sociedad en la que nosotros somos los individuos engranajes los cuales sustituimos a los viejos engranajes que desaparecen del entramado y que algún día se convertirán en nuestros semejantes. Quien habla del paso del tiempo se refiere básicamente al tiempo en el que envejece, pensando que el cuerpo está destinado (y no se equivoca) a hacerlo hasta morir.
La muerte por otra parte es un tema tan increíblemente amplio que creo que nunca podré hablar de él, aunque empiece hoy, hasta el fin de mis días. La mera verdad, es que no existe la muerte en el pensamiento ateo, sino simplemente el fin de la vida. La muerte representa en muchas culturas el cambio. Se dice que un rió muere en el mar cuando cambia su cauce, y desemboca en su destino. Sin embargo para otras representa el fin. Cabe destacar que si bien la vida acaba también tiene un comienzo que las religiones más antiguas sitúan en el paso de un purgatorio donde están las almas (las que aun no han nacido) a una vida terrenal y limitada.
Mi objetivo no es aburrir al lector, ni tampoco darle una clase de historia. Por eso, voy a adentrarme directamente en el sisco del asunto, en esos pequeños detalles. Existe una verdadera razón por la cual el tiempo existe en este mundo, y no es solo para hacernos mortales y frágiles frente al universo. El paso del tiempo existe porque existe a su vez una sensación de infinitud en el ser humano. cada vez que escucha una canción mítica (como la que he dejado aquí en un video de youtube), cada vez que vive un amor intenso por una persona que ama, cada vez que sufre de una forma tan fuerte que piensa que los cimientos que sujetan las columnas del cielo van a soterrar su existencia viniéndose abajo. Por contramano, existe esa necesidad de sentir que hay un tiempo que pasa para todos esos momentos en los que no quisieras que pasaras y te gustaría que fuera eterno. De ahí proviene la gran cuestión. ¿hasta cuando? y yo les respondo: "Hasta siempre". El tiempo es solo eso, tiempo. El tiempo no propicia, al menos de forma directa, las aptitudes y cualidades que antes reflejé. En lugar de eso, nos humilla, nos hace más vulnerables al odio, la envidia, la mentira y la ansiedad. No nos otorga sabiduría, más bien nos hace repugnantes, nos aleja de la inocencia, la compasión, la belleza y la vitalidad. El tiempo puede ser tomado como la persona lo quiera tomar, pero seguirá siendo tiempo.

    La soledad es el por antonomasia lo que nadie quiere pero a su vez es lo que todo el mundo necesita. La soledad es esa sensación que te hace sentir que realmente eres tu. Sentirte como una función matemática sin imagen, como una recta sin pendiente, como un espejo incapaz de reflejar nada. Cuando estas solo, tu corazón se unifica en uno solo, y dejas de depender de un rostro conocido. Cuando la soledad se fusiona con el paso del tiempo, se crea una sensación de eternidad. Una soledad extrema otorga una plenitud en todos los sentidos. Una plenitud que te hace sentir tristeza, júbilo, agonía, nostalgia, comparecencia, y aun así te hace sentir bien, como si todo lo que el ser humano necesitara es solo al propio humano. Una persona de a pié te lo negará, te dirá que las personas no están hechas para estar solas; pero solo aquel que ha caído en las garras de la soledad y ha probado de ella, no vuelve a salir de ella nunca más. Aquel que ha sentido la soledad como única fuente de plenitud no vuelve a desprenderse de ella, y como si de una droga se tratase, permanecen adjuntos a ella para siempre.
Quienes logran salir de ella acaban renegando de ella, pero saben que durante el tiempo en el que la soledad le acogió, fue su incondicional amiga y compañera. Quizás temen reconocer que parte de su felicidad proviene precisamente de esa ansia de tristeza y de saber que el mundo no tiene principio ni fin cuando la soledad acecha. La soledad nos hace personas porque nos muestra cual es el camino individual que nos convierte en entes cuya cascara es finita, pero cuya alma cuentan está fabricada con la misma materia que los sueños. Una persona creyente depende más de la soledad que nadie, porque gracias a ella puede encontrarse con Dios y con si mismo. Una persona atea no prescinde de soledad, pero la busca igualmente; y a veces, con más urgencia que cualquier otra persona. Tal vez la soledad es la única vía que tenemos a veces de saber quienes somos y aunque al principio nos cuesta someternos a ella al igual que a otros les cuesta asimilar la muerte, finalmente logra rendirse a tal cruel pero comprensiva compañera de lágrimas. Quienes ahora están leyendo estas palabras estás conociendo al Némesis puro y no al Némesis que se muestra en público. No son la misma persona aunque los conocimientos que tienen son los mismos, no es la misma forma de utilizarlos.

Aquellos que sufren de soledad no son conscientes de que han encontrado la única forma de sentirse vivo, pues al igual que le ocurrió al protagonista de "los inmortales" o "el sur", la soledad les conducirá luego a "Dos caminos que se bifurcan" (haciendo honor al maestro Borges). Un camino, a mano izquierda, otorgará a quien lo elija el camino hacia la eternidad, pero no será hasta que lo elija, cuando comprenda que ese camino nunca le llevará a la plenitud, y por tanto a la felicidad. Otro camino, este a mano derecha, les conducirá a una vida fugaz, una vida que se quema por los extremos, que esta destinada a desintegrarse, a escaparse de tus manos como un suspiro, a anhelar tiempos mejores, a sufrir, a querer mejorar a sentirse vacío, a llorar, a amar y no ser amado, a perder más que ganar, a romper lo único que te queda y es tuyo y sin embargo; a pesar de ser tan frágil, tan efímera, tan desnuda y tan insignificante, es la única vida que te puede hacer sentir feliz y pleno. Quienes osan encontrar el camino que les lleva a la ciudad de los inmortales y beber de su río, sabrán lo que significa la soledad, pues en ella caerán una vez que comprendan que la inmortalidad te exime de la amistad. Quienes por el contrario elijan el camino de la humildad y la simplicidad de vivir para morir, sabrán que en realidad morirán para vivir, y comprenderán que la fragilidad que tiene la vida es lo único que hace sentir vivo a mucha gente, tal vez la sensación de que puedes morir y no saberlo.
   
    Los cobardes de espíritu se inventarán una vida para ocultar el temor que sienten por la muerte, y como cobardes que son, evitarán vivir la vida porque ello implicará hacerla más corta, y se refugian en la soledad porque en ella ven una potente aliada. Pero se equivocan drásticamente al pensar que la soledad es eterna, siendo el paso del tiempo eterno, pero finito cuando hablamos de seres con vida. La eternidad y la soledad son Almas gemelas, afines, pero aciagas en su interior, ya que están condenadas a hacerse daño, a hacerse falsas esperanzas una a otra.
Los cobardes de espíritu no nos interesa realmente, porque en su interior solo son almas en dudas. Tampoco es que el escepticismo sea menos inverosímil que la ciega verdad. La verdad es una pregunta que se pierde en su propio concepto. Pero esa es una cuestión que ni yo ni un dios puede responder.

   En conclusión, si quieres mi modesta opinión, te diré que la vida se vive de maneras muy diversas. Quien no ha conocido lo que es la extrema soledad no puede conocer lo preciado que es la vida en compañía y viceversa. Si quieres vivir de forma irreprochable, te digo: Lee cuantos libros puedas en tu vida, ama tanto como tu corazón te lo permita, no dejes que la envidia, la hipocresía, el cinismo y la mentira se apoderé de tu intelecto. No dejes de Aprehender continuamente. Que cada día de tu vida tenga su propio objetivo irrepetible. Nunca hagas de dos días, dos días iguales. Y lo más importante, no dejes que tu juventud se escape entre tus dedos como si de arena del mar se tratara. No permitas que la vitalidad se escape volando como un ave que arrecia sus ansias de libertad y huye de su cautiverio. Porque seguramente sea, esa juventud con su innovación, su inconformismo y su intensidad irrefrenable, lo único que realmente tengamos en esta vida; lo único que hace que la vida sea vida y lo único que nos queda incluso después de la propia muerte.

Muchas gracias y les espero en el próximo tema. Saludos y buena suerte en su vida.

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