LA AXIOLOGÍA DE UN ÁNGEL CAÍDO

"A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia".
Arthur Schopenhauer


"El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo".
Goethe

"Ten el valor de equivocarte"
Hegel

   He querido comenzar esta entrada, citando antes que nada a algunos autores. Y no han sido arbitrarias las frases a escoger, sino que por el contrario, las he escogido metódicamente por la siguiente razón. Cualquiera que ha leído mis entradas anteriores, sabe que mis reflexiones están muy ligadas a la filosofía clásica y neoclásica. No porque me importe lo más mínimo la opinión de unas personalidades en la historia que, si bien fueron brillantes, más brillaron por ausencia de intelecto en el resto de la sociedad que por méritos propios; sino porque me parece didáctico que, paralelamente a escuchar mis opiniones, la gente que para a leer lo que escribo también aprenda un poco de historia de la filosofía y conozca a esos autores que, con cariño, los tengo en un altar de locos y librepensadores arraigados a la pobre mentalidad de antes. Quienes consideren brillantes a los grandes filósofos alemanes de los siglos XVIII y XIX no hacen más que rizar el rizo. Si, lo son, pero a su manera. ¿Por qué, si sabemos que el hombre tropieza dos veces con la misma piedra, no apuramos en tener más cuidado cuando andamos? Y más con la filosofía. ¿Por qué encontramos los mismos errores una y otra vez en los argumentos más famosos de la historia? ¿Por qué esa ironía en Descartes a la hora de hacernos creer que dependemos de un Dios para que exista el "yo" (ese ser tan minúsculo y baladí en un universo casi infinito y cruel)? ¿Por qué Platón crea un mundo de luces perfecto y lo llena nada más y nada menos, que de sentimientos humanos, como quien adorna una joya imperial con circonita, esperando acaso que de el pego? ¿Y por qué antes que Platón, Tales y Pitágoras ya empiezan a confundir matemáticas con filosofía, como quien contempla un dibujo técnico de un entramado arquitectónico y pretende descubrir en él la habitación de Arles o un óleo de Rembrandt? Y es que, de todas las formas de vida conocidas, el ser humano es sin duda la más errática de todas. Si dios existiera y se pareciera al hombre, seguro que ya hubiera cambiado de forma. Los pecados capitales de este relato no son 7 como del número "mágico" de los cristianos. Más bien son 3 y a mi juicio, encierran más delito que los otros 7, que por cierto casualmente más que 7 pecados son 7 necesidades del hombre para vivir. Si el ser humano no comiera en exceso, no mantuviera relaciones en exceso, no sintiera envidia, ni ira, ni fuera soberbio, ni perezoso ni avaricioso, no sería hombre. En cambio, mis 3 pecados capitales les hace portadores de la más suprema de las miserias: La cobardía, la arrogancia y la ingenuidad.

   La cobardía nos hace seres inferiores a lo que ya somos. No solo somos cobardes a reconocer nuestros propios actos, sino que además somos cobardes de actuar en consecuencia por miedo a equivocarnos. Y no son nuestros errores los que nos hacen imperfectos, sino nuestra malsana manía de no querer equivocarnos, de querer ser perfectos en todo cuando nadie nos exige que lo seamos. El cobarde nunca afrontará un reto, porque quizás no pueda afrontarlo al 100%. Sin embargo, al abdicar de su labor, está consiguiendo todo lo que intenta evitar, que es no conseguir lo que quiere. El cobarde es un pecador por naturaleza, porque su propia cobardía lo convierte en un ser despreciable, miserable e inmundo. El cobarde no te asesinará para conseguir lo que quiere, sino para que tu no logres tus objetivos. El cobarde es un ser, por llamarlo de alguna manera, que se esconde del mundo dentro del propio mundo, que cree que la vida va en contra de él, y que no tiene meta capaz de cumplir con satisfacción. El cobarde ve en sí mismo una figura pobre, incapaz, defectuosa, e intenta sacar el lado más triste de cada uno, quizás no para engrandecerse porque es imposible para él, sino para hacer caer a los demás y hacerles precipitar hacia el profundo vacío en el que él se erige. Un cobarde no tiene amigos reales, porque hasta de ellos teme; y no hace más que temer de sí mismo continuamente, pensando que sus errores no tienen solución porque son producto de su mala suerte. Los cobardes no hallarán el reino de los cielos, porque son tan cobardes que no serán capaces de mirar a los ojos a la luz que les brinda la redención. Esos cobardes, se quedarán rondando las sombras, queriendo desprenderse de lo más mundano y convertirse en lo que ya son: Efigies de piedra que no contribuyen en nada a la sociedad. Si bien el superhombre de Nietzsche era ese niño, antes león y camello, con valor de titan que era capaz de cambiar su realidad, el cobarde es justamente lo contrario. El ser que se queda rezagado esperando que el mundo siga su curso.

La arrogancia puede ser considerada soberbia, aunque no en toda la totalidad de la palabra. En lugar de explicarlo yo, dejaré que esta vez el diccionario hable por mí:

-Soberbio: Alto, fuerte o excesivo en las cosas inanimadas. grandioso, magnífico, fogoso, orgulloso y violento.

-Arrogante: Altanero, soberbio, valiente, alentado, brioso, gallardo, airoso.

   Efectivamente, sería correcto describir que al menos uno de los tres pecados capitales es también uno de los 7 pecados clásicos. En mi opinión, si no incluyo a la envidia en el grupo, es porque razonándolo mucho llegué a la conclusión que en realidad es, junto a la mentira usada para hacer daño, fruto de la falsa arrogancia de un cobarde. Realmente tiene su raiz en la arrogancia. ¿Y que es la arrogancia? Para mi, la arrogancia es ese sentimiento que desgraciadamente nos aflora en incontables ocasiones cuando nos miramos a nosotros mismos y vemos una montaña en un granito de arena. Para un arrogante, la vida le sonríe solo a él, y si le pasa a alguien más, ese alguien es un presumido o un arrogante, pero el nunca reconocerá su yerro. Al contrario, te intentará convencer con todos los medios a su alcance de que solo él lleva la razón. Un arrogante, al igual que un envidioso, te intentará arrastrar a su juego aunque no le eches ni cuenta. Solo ve una oportunidad de ser mejor, al igual que el cobarde, evitando que te superes como persona. La diferencia es que el cobarde lo hará para salvar su pobre condición, para hacerte caer a su nivel, mientras que él piensa y actúa como si ya de por sí él fuera superior a ti, y lo que intenta es evitar que te pongas a su "gran altura". El arrogante es el algunos sentidos más inocente que el cobarde, porque este último si conoce su cutre condición, pero el arrogante tiene una venda en los ojos que le impide ver su humana realidad. La vida del arrogante se resume en vivir cada día de forma igual al anterior porque a él no le queda nada por conocer, ya que él lo sabe todo. No es un dios, pero porque no quiere esforzarse en ello. piensa que por alguna extraña razón de la naturaleza que escapa a los estudios de Darwin y Wallace, él tiene más derecho a todo que el resto de personas de su alrededor, y no dudará en hacértelo saber.

   El ingenuo, aunque es más pacífico y más humilde que los dos anteriores, no deja de ser otro pecador inmoral. Quien desde el inicio de los tiempos (del suyo) no ha hecho más que aceptar las cosas tal y como se la han presentado, sin ni siquiera preguntarse si hay algo más detrás de todo, peca sin lugar a dudas de ingenuo. El ingenuo vive en el mundo real. No cree en la maldad de la gente, pero si cree en fantasmas, en santos, brujas, pitonisas y supersticiones absurdas. Piensa que el mundo es demasiado complicado para entenderlo él solo, que para que empeñarse en pensar un poco más que lo suficiente para sobrevivir. El ingenuo podrá estudiar, y por tanto abandonar parte de su ingenuidad. La educación que se le facilita le puede convertir en alguien que se da cuenta que todo en esta vida tiene más de una cara. De lo contrario, en lugar de crecer siendo una persona curiosa, lo hará pensando que Juan es Juan y que Pepe es Pepe. El ingenuo lo hace todo con buena intención, pero peca de mediocridad al contentarse con tener lo mínimo, al no estudiar, al no mejorar como persona, al conformarse con saber leer, escribir, sumar y restar. La persona que es curiosa, mayormente por inculco, no podrá pasar un día entero sin querer aprender algo nuevo, diferente y ser mejor persona que ayer pero peor persona que mañana. El ingenuo piensa que la homosexualidad es una enfermedad porque no se ha parado a pensar en la estupidez de sus argumentos. El ingenuo no sabe cual es la capital de Alemania, porque piensa que si no va a ir para allá para que pararse a aprender su nombre. El ingenuo nunca, por imposición casi divina, podrá ponerse en el lugar de el otro, o al menos no con la facilidad que debiera, porque sencillamente no se para a pensar más de lo normal.


   En definitiva, si nos ponemos a comparar estas tres condiciones, veremos que normalmente se dan dos o tres a la vez. Lo seguro es que nadie, irremediablemente, se salva de cometer aunque sea en momentos puntuales, alguna de estas tres. Es algo inscrito en el ser humano. Sin embargo sabemos que cometer estos actos no nos hace más dignos sino al contrario, y como todo en esta vida excepto la muerte, tiene solución. Quien piense que estos tres pecados como yo los he llamado son inalienables en la persona, peca de ingenuo. Quienes piensan que ellos carecen de estos tres males o de alguno de ellos peca de arrogante. Y quien sepa que los padece pero no hace nada para evitarlos peca de cobarde. Y este es el mal del ser humano y por esta misma razón, servidor se ha convertido en un ángel caído a punto de recibir la condena de cambiar a mejor, o convertirse en el príncipe del mal.

   Hasta aquí el tema de hoy. Ha sido un placer como siempre hablar con ustedes. Me despido, no sin antes ofreceros un consejo: Nunca dejes de pretender alcanzar la sabiduría aunque sea imposible. Los logros que alcances serán lo único que realmente te reconfortará en el futuro.


   Hasta otra.

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